martes, 25 de agosto de 2009

(EN CUANTO A FICCIÓN Y NO FICCIÓN CABE RESALTAR QUE EN E L PERIODISMO TODO LO QUE INFORMEMOS EN EL MEDIO QUE SEA TIENE QUE SER VERÍDICO Y REAL PORQUE DE LO CONTRARIO POR UNA SOLA COSA QUE SE DESMIENTA YA LOS HECHOS PRÁCTICAMENTE NO EXISTEN)…

CAPERUSITA ROJA. (CAMBIO DEL MARCO DE INTRODUCCION).

Erase una ves un pueblito hermoso llamado caperuza roja, en este pueblo vivía una niña muy hermosa que nació el mismo día en que fundaron el pueblo, por esto la tía de la niña, su única familia, decidió llamarla caperucita roja, en honor a su pueblo, pensando que la niña iba a ser la gran ilusión de todos los habitantes de este lugar.

Caperucita podría ser muy hermosa, pero aparte de eso era una jovencita muy fastidiosa, odiosa y antipática que le encantaba molestar a todo el mundo, muchos decían que era capas hasta de matar, tanto así que reflejaba en su rostro una sensación de malicia y perversión.

Un día su tía, ya cansada de tener que aguantársela, contrato al lobo mas malvado del pueblo y le pidió que acabara con ella, pues la maldad de la niña estaba acabando poco a poco con su paciencia.

Ella le dijo: -¿lobo me ayudas?
Y este le contesto: -umm claro que yo te ayudo, pero tú crees que esto va hacer así de fácil, ¿que le vas a decir a la malvada para que se lo crea?-.

-tranquilo, ya tengo todo planeado-, exclamo la tía con un tono de vos irónico. Le dije que su abuela estaba viva y es verdad, yo no se lo había dicho, pero con esto me puedo librar de ella y también que vive al otro lado de la aldea, la alenté para que la fuera a buscar, además le dije que estaba enferma y que así ya no estaría tan sola. –Ja, ja, ja- sonrió el lobo… ¡si que eres inteligente!

Al día siguiente la niña mas malvada de todo el pueblo partió en busca de su abuela con una canasta de pequeños obsequios que tenia para ella, parecía que ya no fuese esa niña mala sino una humilde y tierna pequeña. A partir de ese momento empezó el caos para caperucita roja.


Cuando Caperucita Roja llegó al bosque, salió a su encuentro el lobo, pero la niña no sabía qué clase de fiera maligna era y no se asustó.

- ¡Buenos días, Caperucita Roja! - la saludó el lobo.
- ¡Buenos días, lobo!
- ¿A dónde vas tan temprano, Caperucita Roja? -dijo el lobo.
- A ver a la abuela.
- ¿Qué llevas en tu canastillo?
- Torta y vino; ayer estuvimos haciendo pasteles en el horno; la abuela está enferma y débil y necesita algo bueno para fortalecerse.
- Dime, Caperucita Roja, ¿dónde vive tu abuela?
- Hay que caminar todavía un buen cuarto de hora por el bosque; su casa se encuentra bajo las tres grandes encinas; están también los avellanos; pero eso, ya lo sabrás -dijo Caperucita Roja.

El lobo pensó: "Esta joven y delicada cosita será un suculento bocado, y mucho más apetitoso que la vieja. Has de comportarte con astucia si quieres atrapar y tragar a las dos". Entonces acompañó un rato a la niña y luego le dijo:

- Caperucita Roja, mira esas hermosas flores que te rodean; sí, pues, ¿por qué no miras a tu alrededor?; me parece que no estás escuchando el melodioso canto de los pajarillos, ¿no es verdad? Andas ensimismada como si fueras a la escuela, ¡y es tan divertido corretear por el bosque!

Caperucita Roja abrió mucho los ojos, y al ver cómo los rayos del sol danzaban, por aquí y por allá, a través de los árboles, y cuántas preciosas flores había, pensó: "Si llevo a la abuela un ramo de flores frescas se alegrará; y como es tan temprano llegaré a tiempo". Y apartándose del camino se adentró en el bosque en busca de flores. Y en cuanto había cortado una, pensaba que más allá habría otra más bonita y, buscándola, se internaba cada vez más en el bosque. Pero el lobo se marchó directamente a casa de la abuela y golpeó a la puerta.

- ¿Quién es?
- Soy Caperucita Roja, te traje torta y vino; ábreme.
- No tienes más que girar el picaporte - gritó la abuela-; yo estoy muy débil y no puedo levantarme.

El lobo giró el picaporte, la puerta se abrió de par en par, y sin pronunciar una sola palabra, fue derecho a la cama donde yacía la abuela y se la tragó. Entonces, se puso las ropas de la abuela, se colocó la gorra de dormir de la abuela, cerró las cortinas, y se metió en la cama de la abuela.

Caperucita Roja se había dedicado entretanto a buscar flores, y cogió tantas que ya no podía llevar ni una más; entonces se acordó de nuevo de la abuela y se encaminó a su casa. Se asombró al encontrar la puerta abierta y, al entrar en el cuarto, todo le pareció tan extraño que pensó: ¡Oh, Dios mío, qué miedo siento hoy".

Y dijo :
- Buenos días, abuela.
Pero no obtuvo respuesta. Entonces se acercó a la cama, y volvió a abrir las cortinas; allí yacía la abuela, con la gorra de dormir bien calada en la cabeza, y un aspecto extraño.

- Oh, abuela, ¡qué orejas tan grandes tienes!
- Para así, poder oírte mejor.
- Oh, abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!
- Para así, poder verte mejor.
- Oh, abuela, ¡qué manos tan grandes tienes!
- Para así, poder cogerte mejor.
- Oh, abuela, ¡qué boca tan grandes y tan horrible tienes!
- Son para comerte mejor.

No había terminado de decir esto el lobo, cuando saltó fuera de la cama y devoró a la pobre Caperucita Roja.

Cuando el lobo hubo saciado su voraz apetito, se metió de nuevo en la cama y comenzó a dar sonoros ronquidos. Acertó a pasar el cazador por delante de la casa, y pensó: "¡Cómo ronca la anciana!; debo entrar a mirar, no vaya a ser que le pase algo".

Entonces, entró a la alcoba, y al acercarse a la cama, vio tumbado en ella al lobo.
- Mira dónde vengo a encontrarte, viejo pecador! – Dijo -; hace tiempo que te busco.
Entonces le apuntó con su escopeta, pero de pronto se le ocurrió que el lobo podía haberse comido a la anciana y que tal vez podría salvarla todavía. Así es que no disparó sino que cogió unas tijeras y comenzó a abrir la barriga del lobo. Al dar un par de cortes, vio relucir la roja caperuza; dio otros cortes más y saltó la niña diciendo:

- ¡Ay, qué susto he pasado, qué oscuro estaba en el vientre del lobo!
Y después salió la vieja abuela, también viva aunque casi sin respiración. Caperucita Roja trajo inmediatamente grandes piedras y llenó la barriga del lobo con ellas. Y cuando el lobo despertó, quiso dar un salto y salir corriendo, pero el peso de las piedras le hizo caer, se estrelló contra el suelo y se mató.

Los tres estaban contentos. El cazador le arrancó la piel al lobo y se la llevó a casa. La abuela se comió la torta y se bebió el vino que Caperucita Roja había traído y Caperucita Roja pensó: "Nunca más me apartaré del camino y además no es nada bueno desobedecer."

CAPERUCITA ROJA. (CAMBIO DEL MARCO DE DESARROLLO).

Erase una vez una pequeña muy dulce, a la que todo el mundo quería, con sólo verla una vez; pero quien más la quería era su abuela, que ya no sabía ni qué regalarle. En cierta ocasión le regaló una caperuza de terciopelo rojo, y como le sentaba tan bien y la niña no quería ponerse otra cosa, todos la llamaron de ahí en adelante Caperucita Roja.

Un buen día la madre le dijo:

- Mira Caperucita Roja, aquí tienes un trozo de torta y una botella de vino para llevar a la abuela, pues está enferma y débil, y esto la reanimará. Arréglate antes de que empiece el calor, y cuando te marches, anda con cuidado y no te apartes del camino: no vaya a ser que te caigas, se rompa la botella y la abuela se quede sin nada. Y cuando llegues a su casa, no te olvides de darle los buenos días, y no te pongas a hurguetear por cada rincón.

- Lo haré todo muy bien, seguro - asintió Caperucita Roja, besando a su madre.
La abuela vivía lejos, en el bosque, a media hora de la aldea.

Cuando caperucita partió pensaba:

–mi madre cree que yo soy una boba, ja… yo no me voy a caer ni nada por el estilo, además no le tengo miedo a este bosque ni a nada-
De repente, escucho un fuerte gruñido y al mirar al lado salió el lobo con un alto brinco. La miraba deseosamente y babeaba, pues sentía ese olor suculento de caperucita. Ella lo miro tranquilamente y ni se asusto.

-¿Qué te pasa?, ¿te duele algo?- , el lobo extrañado le respondió –umm… nada… creo-, tocándose la cabeza desconcertado.

El lobo decidió olvidar ese momento y volvió a tomar su postura de depredador, entonces caperucita corrió fuertemente y se le tiro encima abrazándolo tan fuerte que lo desesperaba, le decía cosas lindas y lo consentía, obviamente ella lo único que quería era molestarlo, le parecía un lobo tonto y ridículo.

El lobo, se dio cuenta después de tantos mimos de la niña hacia el que lo estaba engañando, mejor dicho que se estaba burlando de el. Entonces le pregunto:-¿para donde vas caperucita?- con una vos muy sutil, entonces ella le respondió con mucha confianza, -voy para donde mi abuela a visitarla y llevarle algunas cosas-, ella pensaba que ya había manipulado al lobo y se confió plenamente. Entonces el lobo le pregunto:
-¿te acompaño caperucita?-
-¡bueno si eso quieres, igual me caíste muy bien!, ella se burlaba del lobo profundamente.

Entonces el lobo le sugirió que se fuera a buscar unas flores muy hermosas que había en el fondo del bosque y que además el se tenia que ir y por eso ya no la podía acompañar. Caperucita fue engañada por el lobo, le salió el tiro por la culata, así que se fue por el camino que le dijo el lobo y así el se aprovecharía de la situación, llegaría mas rápido y se las comería a las dos y además se vengaría del pequeño engaño de caperusita.

Cuando el lobo llegó a la casa de la abuela se hiso pasar por caperucita, toco la puerta y ella le pregunto:



- ¿Quién es?
- Soy Caperucita Roja, te traje torta y vino; ábreme.
- No tienes más que girar el picaporte - gritó la abuela-; yo estoy muy débil y no puedo levantarme.

El lobo giró el picaporte, la puerta se abrió de par en par, y sin pronunciar una sola palabra, fue derecho a la cama donde yacía la abuela y se la tragó. Entonces, se puso las ropas de la abuela, se colocó la gorra de dormir de la abuela, cerró las cortinas, y se metió en la cama de la abuela.

Caperucita Roja se había dedicado entretanto a buscar flores, y cogió tantas que ya no podía llevar ni una más; entonces se acordó de nuevo de la abuela y se encaminó a su casa. Se asombró al encontrar la puerta abierta y, al entrar en el cuarto, todo le pareció tan extraño que pensó: ¡Oh, Dios mío, qué miedo siento hoy".

Y dijo:
- Buenos días, abuela.
Pero no obtuvo respuesta. Entonces se acercó a la cama, y volvió a abrir las cortinas; allí yacía la abuela, con la gorra de dormir bien calada en la cabeza, y un aspecto extraño.

- Oh, abuela, ¡qué orejas tan grandes tienes!
- Para así, poder oírte mejor.
- Oh, abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!
- Para así, poder verte mejor.
- Oh, abuela, ¡qué manos tan grandes tienes!
- Para así, poder cogerte mejor.
- Oh, abuela, ¡qué boca tan grandes y tan horrible tienes!
- Son para comerte mejor.

No había terminado de decir esto el lobo, cuando saltó fuera de la cama y devoró a la pobre Caperucita Roja.

Cuando el lobo hubo saciado su voraz apetito, se metió de nuevo en la cama y comenzó a dar sonoros ronquidos. Acertó a pasar el cazador por delante de la casa, y pensó: "¡Cómo ronca la anciana!; debo entrar a mirar, no vaya a ser que le pase algo". Entonces, entró a la alcoba, y al acercarse a la cama, vio tumbado en ella al lobo.

- Mira dónde vengo a encontrarte, viejo pecador! – Dijo -; hace tiempo que te busco.
Entonces le apuntó con su escopeta, pero de pronto se le ocurrió que el lobo podía haberse comido a la anciana y que tal vez podría salvarla todavía. Así es que no disparó sino que cogió unas tijeras y comenzó a abrir la barriga del lobo. Al dar un par de cortes, vio relucir la roja caperuza; dio otros cortes más y saltó la niña diciendo:

- ¡Ay, qué susto he pasado, qué oscuro estaba en el vientre del lobo!
Y después salió la vieja abuela, también viva aunque casi sin respiración.

Caperucita Roja trajo inmediatamente grandes piedras y llenó la barriga del lobo con ellas. Y cuando el lobo despertó, quiso dar un salto y salir corriendo, pero el peso de las piedras le hizo caer, se estrelló contra el suelo y se mató.

Los tres estaban contentos. El cazador le arrancó la piel al lobo y se la llevó a casa. La abuela se comió la torta y se bebió el vino que Caperucita Roja había traído y Caperucita Roja pensó: "Nunca más me apartaré del camino y además no es nada bueno desobedecer."

CAPERUCITA ROJA. (MARCO DE CONCLUCION).

Erase una vez una pequeña muy dulce, a la que todo el mundo quería, con sólo verla una vez; pero quien más la quería era su abuela, que ya no sabía ni qué regalarle. En cierta ocasión le regaló una caperuza de terciopelo rojo, y como le sentaba tan bien y la niña no quería ponerse otra cosa, todos la llamaron de ahí en adelante Caperucita Roja

Un buen día la madre le dijo:

- Mira Caperucita Roja, aquí tienes un trozo de torta y una botella de vino para llevar a la abuela, pues está enferma y débil, y esto la reanimará. Arréglate antes de que empiece el calor, y cuando te marches, anda con cuidado y no te apartes del camino: no vaya a ser que te caigas, se rompa la botella y la abuela se quede sin nada. Y cuando llegues a su casa, no te olvides de darle los buenos días, y no te pongas a hurguetear por cada rincón.

- Lo haré todo muy bien, seguro - asintió Caperucita Roja, besando a su madre.
La abuela vivía lejos, en el bosque, a media hora de la aldea.

Cuando Caperucita Roja llegó al bosque, salió a su encuentro el lobo, pero la niña no sabía qué clase de fiera maligna era y no se asustó.
- ¡Buenos días, Caperucita Roja! - la saludó el lobo.
- ¡Buenos días, lobo!
- ¿A dónde vas tan temprano, Caperucita Roja? -dijo el lobo.
- A ver a la abuela.

- ¿Qué llevas en tu canastillo?
- Torta y vino; ayer estuvimos haciendo pasteles en el horno; la abuela está enferma y débil y necesita algo bueno para fortalecerse.
- Dime, Caperucita Roja, ¿dónde vive tu abuela?
- Hay que caminar todavía un buen cuarto de hora por el bosque; su casa se encuentra bajo las tres grandes encinas; están también los avellanos; pero eso, ya lo sabrás -dijo Caperucita Roja.

El lobo pensó:"Esta joven y delicada cosita será un suculento bocado, y mucho más apetitoso que la vieja. Has de comportarte con astucia si quieres atrapar y tragar a las dos". Entonces acompañó un rato a la niña y luego le dijo:

- Caperucita Roja, mira esas hermosas flores que te rodean; sí, pues, ¿por qué no miras a tu alrededor?; me parece que no estás escuchando el melodioso canto de los pajarillos, ¿no es verdad? Andas ensimismada como si fueras a la escuela, ¡y es tan divertido corretear por el bosque!

Caperucita Roja abrió mucho los ojos, y al ver cómo los rayos del sol danzaban, por aquí y por allá, a través de los árboles, y cuántas preciosas flores había, pensó: "Si llevo a la abuela un ramo de flores frescas se alegrará; y como es tan temprano llegaré a tiempo". Y apartándose del camino se adentró en el bosque en busca de flores. Y en cuanto había cortado una, pensaba que más allá habría otra más bonita y, buscándola, se internaba cada vez más en el bosque. Pero el lobo se marchó directamente a casa de la abuela y golpeó a la puerta.

-¿Quién es?-
-soy el lobo vieja fastidiosa, ábreme la puerta o te atendrás a las consecuencias-

La pobre abuelita desesperada no sabia que hacer, si esconderse o gritar muy fuerte para que el cazador que vivía cerca de su casa la escuchara y así poderla salvar. El lobo viendo que se demoraba para abrir le dijo de nuevo:

-¿me vas a abrir o no? Tranquila que no te va a pasar nada, ¡a no ser de que no lo hagas!-
-no, no lo hare, además no confió en ti-, exclamo la abuelita muy asustada.

-bien tu te lo buscaste- , le respondió el lobo.

En ese mismo momento el lobo empezó a empujar la puerta bruscamente, con mucha fuerza hasta que la tumbo. Cuando eso paso la abuelita de caperucita roja grito muy muy fuerte, en su rostro solo se reflejaba terror y pánico, ¡claro!, pues viendo ese rostro tan horrible del lobo y además la forma en como la miraba para devorársela, y eso paso, inmediatamente se la trago sin ni siquiera masticarla.

Un momento después, mientras se reposaba escucho la hermosa vos de caperucita cantando que se acercaba más y más, y pensaba:

-seria delicioso comerme a caperucita, seria el postre más especial, pero… no podría, ¡oh no!, que me pasa, siento algo muy extraño por caperucita-.

Caperucita vio que la puerta estaba abierta y cuando entro el lobo estaba allí esperándola y ella le pregunto:
-¿que haces aquí lobo?-
Y el lobo le respondió:
-umm…- , sin saber que inventar.
-Vine a esperarte, tu abuelita se fue para tu casa, dijo que iba a visitar a tu madre y a ti porque ya se sentía mejor-
Después caperucita le dijo:
-¡ah si! Y tu no le dijiste que yo estaba en camino, así me hubiera esperado-
-pues si, obvio, yo se lo dije y te dejo dicho que si querías te podías quedar con migo todo el día hasta que ella llegara-, le respondió el lobo muy alegre porque con esto podría hacer que se quedara con el.

El lobo en lo profundo de su mente y de su corazón se había enamorado de la hermosa caperucita y quería robársela para quedarse con ella todo el tiempo que fuera posible y profundamente pensaba:
- si le tengo que decir a caperucita todas las mentiras del mundo se las digo, pero que se queda con migo se queda-.

Caperucita se lo creyó todo y además como era tan inocente le creía siempre todo lo que le decía así que el lobo se salió con la suya y vivieron mucho tiempo juntos, hablaron, se divirtieron y hasta ambos se enamoraron, simplemente vivían muy felices, pero claro que esa felicidad no les duraría para siempre, o por lo menos hasta que caperucita roja se diera cuenta de su engaño…

Continuara…







domingo, 23 de agosto de 2009

CASA TOMADA. (JULIO CORTÁZAR).


Es una pequeña historia que cuenta la vida de dos hermanos que vivían en la casa de sus bisabuelos, sus padres y toda su infancia. El personaje que cuenta la historia nos habla principalmente de la casa y su hermana Irene. Contaba que la casa era antigua y grandísima, tenía espacio para mas o menos ocho personas y que además todas pudieran vivir sin estorbarse una de la otra, ellos dos solo vivían allí.

La cuidaban como su tesoro más sagrado, mientras uno cocinaba la otra terminaba de arreglar algunas partes de la casa. Según el, cuenta que para los dos parecía que la casa se encargara de que ellos estuvieran solos para no abandonarla, Irene rechazo dos pretendientes sin razón alguna y a el se le murió una novia antes de comprometerse. Ya los dos tenían 40 años, habían crecido juntos en esa casa, pues ya necesitaban rehacer sus vidas, sin embargo, no les molestaba vivir juntos en aquella casa donde estaban todos sus recuerdos.

Ellos tenían que vivir en una parte de la casa, precisamente porque esta es muy espaciosa, solo necesitaban la casina, el baño y las habitaciones. Solo pasaban a la otra parte de la casa para arreglarla. Una noche el se dirigió hacia el pasillo, donde llegaba hasta la puerta de roble que dividía la casa y escucho un ruido como si estrujaran la silla y también voces bajas, entonces el cerro la puerta muy despacio para que los que estaban al otro lado no lo notaran.

Inmediatamente el se dirigió a contarle a Irene que se habían tomado la otra parte de la casa y ella se asusto mucho, pues se dieron cuenta que solo tenían una parte de la casa y solo pensaban en que se les había quedado muchas cosas preciadas en el otro lado, estaban algo desanimados y tristes pero siguieron normalmente los primeros días.

Una de las ventajas era que ya no tenían que ordenar toda la casa sino solo su parte. En ese parte de la casa solo se escuchaban sus voces, su respirar, toser y todos esos pequeños sonidos que hacían de la casa un entorno mas profundo de infinita soledad.

Otra noche el quiso ir a la cocina a tomar agua, pues tenia mucha sed y su hermana Irene estaba tejiendo como siempre, era lo que mas le gustaba hacer, ( a el le encantaba verla tejer), entonces hubo un momento en el que los dos sintieron un ruido mas fuerte que el de ese día, ya los ruidos no se escuchaban solo al otro lado de la casa después de la puerta de roble, sino el la parte de la casa donde ellos vivían, la cocina, el baño o el pasillo.

El le agarro la mano y empezaron a salir poco a poco de la casa, pues obviamente también habían tomado esa parte de la casa, los dos con mucha tristeza y especialmente Irene que estaba llorando, fueron saliendo de la casa y el le puso seguro a la reja donde empezaba toda la casa para que un ladrón no se metiera a robar a una casa que ya estaba tomada.

LA GALLINA DEGOLLADA. (HORACIO QUIROGA).

Esta es la historia de una pareja matrimonial muy desafortunada -si vamos a hablar de sus descendientes-. los señores mazzini y Berta tenían cuatro hijos los cuales padecían de meningitis, parecían bobos, sus pies y manos colgaban todo el día, mantenían con la lengua afuera y babeaban todo el tiempo y aparte de eso siempre se la pasaban sucios y desarreglados como si no tuvieran padres. Todos los días se la pasaban en el patio donde había un banco en el cual se sentaban siempre juntos a mirar un cerco de ladrillos que lo cerraba y otras veces imitaban el tranvía que pasaba, se paraban, saltaban y hacían ruidos con sus caras de idiotas.

Cuando nació su primer hijo la pareja se encontraba supremamente feliz, pues había nacido ese pequeño que les iba a alegrar la vida. Cuando pasaron más o menos un año y medio el pequeño empezó a convulsionar, al día siguiente llamaron al doctor y este reviso a los padres buscando la causa de esta enfermedad, a partir de eso el niño parecía muerto en vida, quieto, colgante y baboso.

Lugo decidieron tener otro hijo, tenían la esperanza de de que este si naciera en perfectas condiciones, pero al pasar un poco de tiempo igual al de el anterior sucedió lo mismo. Después volvieron a decidirse por otro, se sentían desesperados y desconcertados, además no sabían de donde provenía lo que les pasaba a los niños, pero en esta ocasión no nació uno si no dos, eran mellizos, al principio como el resto se encontraban en perfectas condiciones pero al pasar un año y medio mas o menos, como siempre convulsionaron y a partir de eso su vida fe igual a la de sus hermanos.

Sus padres a medida que pasaba el tiempo se culpaban uno al otro de la desgracia de sus hijos, eran discusiones tras discusiones y al mismo tiempo anhelaban con grandes ansias un hijo con el cual naciera su orgullo y lo vieran crecer sano y salvo. Y eso fue lo que exactamente paso, después de un tiempo nació una hermosa niña, Bertica, la niña hiba desarrollándose perfectamente, sus padres la adoraban con todo su corazón, la cuidaban demasiado, le complacían en todo lo que quisiera, era la hija de sus sueños. Pero mientras ellos vivían la dicha, sus otros hijos se veían mucho más descuidados que antes.

Y así pasó el tiempo, ya Bertica tenía cuatro años. Una noche se enfermo, le dolía el estomago, pues los dulces que le daban sus padres le habían causado el dolor, de nuevo empezaron a discutir los padres y a hacharse los problemas en cara hasta que un gemido de la niña les hizo saber que ya estaba bien. Después de eso el amor de sus padres creció más y mas.

Después la señora Berta amaneció enferma, botaba sangre por la boca mientras su marido la sostenía y entonces mandaron a la sirvienta a matar una gallina para almorzar. Fue ahí cuando los cuatro hermanos bobos se pararon para ver como degollaban la gallina, y Berta le dijo a la sirvienta que los echara de la cocina y ellos volvieron a su dichoso banco.

Cuando almorzaron todos se fueron, verte, mazzini, Bertica y la sirvienta. Cuando llegaron los padres se quedaron saludando a unos vecinos y la niña se fue para la casa. Ella estaba jugando, se monto en el cerco y todavía estaban ellos sentados en la banca, de repente la miraron fijamente con un sentido malicioso, se levantaron y la jalaron del pie, la niña gritaba para que sus padres la escucharan. Ellos la tiraron al piso y uno de ellos le apretaba el cuello muy fuerte, la estaba ahorcando, inmediatamente la arrastraron a la cocina.

El señor mazzini escucho la vos de la niña y se dirigió a la casa rápidamente para que ver que estaba pasando y cuando llego vio en la cocina un charco inmenso de sangre, cuando entro estaba la niña muerta, inmediatamente doña Berta corrió para ver que pasaba porque el grito muy fuerte, cuando llego no la dejo pasar, pero ella también vio la cocina inundada de sangre y se tiro al suelo a llorar…así que los cuatro hijos bobos mataron a su hermana tal y como vieron degollar la gallina.

EL ALMOHADÓN DE PLUMA. (HORACIO QUIROGA).

Es una historia muy triste e inesperada, nos cuenta los problemas que surgieron en un tiempo en la vida de una pareja. Estos eran Jordán y Alicia, era una pareja de matrimonio algo fría, por lo menos por parte de Jordán, lo describen como un hombre frio al que le cuesta mucho expresar sus sentimientos, por otra parte, Alicia le hubiera encantado expresarle sus sentimientos, pero también le costaba mucho, precisamente por el comportamiento de el.

Vivian en una casa que era muy parecida a sus emociones. Era grande, blanca, fría, tenía estatuas de mármol y columnas, era estucada y las paredes no tenían ningún rasguño, se decía que tendía a parecerse a un palacio.

Días después Alicia se enfermo de influenza y su enfermedad duro mucho, la debilitaba día tras día. Un ves, cuanto ella pudo levantarse Jordán la saco un rato al jardín, Alicia parecía desubicada y miraba para todas partes de un lado a otro y fue ahí donde Jordán le demostró un poco de sensibilidad y ternura, le acaricio la cabeza suavemente y ella solo lo abrazo fuertemente y empezó a llorar y llorar sin parar por un buen rato. Ellos se amaban muchísimo, si no demostraban sus sentimientos no era por falta de amor, sino porque de alguna manera a los dos les costaba mucho expresarse esos fuertes sentimientos que sentían uno por el otro.

A partir de ese día Alicia no se volvió a levantar de su cama, todos los días se desvanecía más. Jordán llego a llamar a su doctor dos o tres veces para que la revisara y le pronosticara su grave enfermedad pero ni el mismo doctor sabia lo que le pasaba, solo le pidió descanso y reposo incondicional, hasta que el doctor le dijo a Jordán que ella tenia anemia, pero que era una anemia extraña, pues Alicia no vomitaba ni nada por el estilo, solo era algo muy extraño.

Así paso el tiempo, la angustia y la desesperación se adueñaban de la casa y de todo su entorno, parecía que Álica ya se la llevaba la muerte, era un ambiente lleno de tención. Alicia solo agonizaba y dormía, Jordán paseaba por todo la casa, principalmente en la sala y a ratos pasaba por la habitación, la observaba y continuaba caminando desesperadamente.

Alicia ya empezaba a alucinar, solo se la pasaba mirando la alfombra, siempre parecía aterrorizada. Una ves llamo a Jordán gritando, estaba muy asustada y cuando el entro ella empezó a gritar como si no fuera el, entonces el solo decía que se tranquilizara y se calmara, que era el, después algo desconcertada se calmo.

Pasando los días los doctores volvieron a ir a revisarla y se dieron cuenta que la vida de Alicia ya se estaba acabando, así que fueron donde Jordán y le dijeron que no había nada que hacer, era muy difícil curarla. La mayoría de veces Alicia se despertaba algo bien en la mañana, por lo menos no se veía tan angustiada, pero cuando llegaba la noche de nuevo empezaba ese caos que los acababa todos los días. Ya después de todo eso, Alicia no soportaba ni que le organizaran la cama, quería que la dejaran quieta y sola, todos esos días agonizo más que nunca hasta que llego el día de su muerte.

Cuando murió, la sirvienta de la casa estaba recogiendo todas las sabanas y se quedo mirando la almohada como si estuviera desconcertada y entonces llamo a Jordán y le dijo que mirara la almohada porque había algo raro como si fueran manchas de sangre pequeñas, entonces cuando el miró, en cada lado de la almohada estaban las manchas de sangre.

Como para comprobar que era con exactitud, Jordán le dijo a la sirvienta que lo levantara a la luz para verlo con más precisión y cuando lo levanto lo dejo caer y ella se puso muy nerviosa tanto que también asusto a Jordán. Cuando el fue a mirar pesaba mucho y lo llevaron a la mesa, cuando lo abrieron ella grito muy fuerte y en una esquina dentro de las plumas de la almohada había un animal muy extraño, era gordo, peludo y como baboso.

Entonces fue ahí donde se dieron cuenta que ese animal era el culpable de la muerte de Alicia, pues siempre con su trompa absorbía la cabeza de de Alicia, chupándole toda su sangre hasta dejarla sin nada y matarla. Después el autor nos dice de una forma irónica que estos parásitos les gusta mucho la sangre humana y que no es raro que estos aparezcan debajo de las almohadas de pluma.